1.- IDENTIFICACIÓN
DENOMINACIÓN
IGLESIA DE SANTIAGO APÓSTOL DE FONTIBÓN
OTRAS DENOMINACIONES
IGLESIA DOCTRINERA DE FONTIBÓN
CLASIFICACIÓN
ARQUITECTURA
DATOS CRONOLÓGICOS
DÉCADA DE 1580
AUTORÍA
JUAN BAUTISTA COLUCCINI
PAÍS
COLOMBIA
DEPARTAMENTO / PROVINCIA / ESTADO
CUNDINAMARCA
LOCALIDAD
BOGOTÁ
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2.- GEORREFERENCIACIÓN
Coordenadas Google Maps:
Latitud: 4.67296
Longitud: -74.1447318
Imagen aérea vertical / Plano de Localización
Imágenes
3.- DESCRIPCIÓN
PUEBLO DE INDIOS
DOTACIÓN ARQUITECTÓNICA
Sobre el templo doctrinero de Fontibón la documentación es muy prolija, una de las referencias más antiguas podemos fecharla hacia 1580 y de su contenido trasciende el mal estado estructural del edificio lo que obligó a efectuar numerosas intervenciones para su consolidación además de reparaciones puntuales. Tras su incorporación a la real corona el pueblo se encomendó a los jesuitas, recordando que Juan Bautista Coluccini llegaría en 1608 y que José Dadey le reemplazaría un año más tarde, siendo su incorporación decisiva para el futuro de la doctrina, en la que constituyeron la Cofradía del Santísimo Sacramento tal y como harían en Duitama.
Al poco tiempo de su llegada emitió un informe a los oficiales reales solicitando el envío de ornamentos y bienes que consideraba muy precisos para el ornato, la dignidad y el equipamiento del templo y de los que se carecía: un terno completo compuesto por casulla, estola, manipulo y cíngulo; un frontal con sus frontaleras, dos manteles, dos amitos y la misma cantidad de albas. Para completar el conjunto de textiles reclama la adquisición de dos corporales, dos purificadores, dos hijuelas, dos palios y sobrepalios y dos sobrepellices de ruan. Por otro lado solicita:
“… un misal porque el que ay está muy roto y antiguo en que faltan misas, algunas varas de çintas para registro del misal, un manual, una cruz de latón con su manga que la que ay es de palo y quebrada, un Christo pequeño para el altar, un vaso y crismera de plata para el ólio y chrisma que la que ay es de viorio y muy pequeñita, una mesa pequeña con unos manteles para quando se lleve el ólio santo, las tapaderas de las vinajeras de plata que no las ay, una caldereta para dar el agua bendita, un par de candeleros de açofar que los que ay están muy gastados, un paño para enterrar, una cadena de alquimia o çinta, un velo, dos anillos y arras para casar, un caxón con sus llaves para guardar las dichas cosas, tres çerrojos con sus çerraduras y llaves, el uno para la reja de la capilla mayor, el otro para la reja de la pila baptismal y el otro para la puerta de la sacristía, una llave para la alazenita en que se guardan los ólios santos”
La intervención que Dadey propone en el edificio consiste en la apertura de dos ventanas en la capilla mayor para incrementar la luminosidad en el área del altar mayor ya que, según expone, la cabecera del templo resultaba muy oscura y, por tanto, indecente para celebrar los oficios en ella. En el presupuesto cuenta con la incorporación de los bastidores y los balaustres de protección en las ventanas. Igualmente, considera conveniente que en ellas se incorporasen unas puertas de madera que las aislaran del exterior. El jesuita manifiesta el malestar de los indígenas por no contar con una portada lateral en el cuerpo de la iglesia que comunicara directamente con el cementerio, que los naturales estaban levantando para evitar tener que enterrarse en la plaza contando para ello con su total aprobación. Esta portada se alzaría de ladrillo y cal, y estaría compuesta por el umbral y por una puerta de madera con su cerradura y llave.
El jesuita informa de que el resto de puertas existentes en el interior de la iglesia no se podían abrir ni cerrar por tener los quicios podridos con lo que se pone de manifiesto la necesidad de reemplazarlos. Además, la portada de ingreso a la sacristía era demasiado baja, al estar esta dependencia en un nivel de tierra inferior que el del resto del templo, lo que le obligaba a tener que agacharse para poder acceder a su interior. En sus conclusiones propondrá la elevación de esta portada para facilitar el acceso.
En sus últimas observaciones precisa la necesidad de hacer un sumidero de ladrillo y cal debajo de la pila de bautismo para poder evacuar las aguas con mayor facilidad y, de este modo, poder utilizar la pila ya que sin el sumidero no servía. Una vez efectuado, se le incorporaría una tapadera de madera con una cerradura y llave que la protegería. La tapa se cubriría con un paño.
Ante esta extensa petición el presidente de la audiencia, Juan de Borja, responde enviando al contador de la real hacienda, Diego Arias, al repartimiento de Fontibón donde, en presencia de Dadey, se firma el contrato con el albañil Alonso Rodríguez, que se haría cargo de las obras de albañilería. Desconocemos si además de firmarse el concierto con este oficial se remitieron los bienes solicitados por el jesuita pero presuponemos que, al menos en gran parte, debió ser así pues en las siguientes solicitudes del padre no se vuelven a mencionar estos objetos.
En 1611 Dadey vuelve a reclamar ayuda económica, esta vez para sufragar los gastos para dorar el Sagrario, para contribuir con los gastos del mantenimiento de la lámpara, de la custodia y del palio. Esta petición también fue aceptada, concediendo el presidente 100 pesos de oro de trece quilates y seda para el palio. En su respuesta Juan de Borja alega que el principal motivo por el que acude tan solícitamente a esta petición es por pretender que esta iglesia se convirtiera en ejemplo a seguir, lo cual no es baladí.
La súplica de Dadey posterior se centró en el aspecto interior del templo, exponiendo que en su estética parecía una obra recién acabada y sin decoración alguna. Para contribuir a su mejora recomendó encañar y encalar el espacio de la cabecera además de otras intervenciones menores que reforzarían, en su opinión, el carácter devocional del conjunto. Por otro lado, en relación a la casa cural, expuso que en ella vivían otros dos religiosos con él y que los tres compartían un bohío de bahareque antiguo, en estado de ruina, y ubicado lejos del templo. Así, informa del inicio de la construcción de una casa de tapias, en uno de los laterales de la iglesia y frente a la plaza principal, que se había de cubrir de teja, solicitando para su construcción el trabajo de los indígenas.
Unos años más tarde, concretamente el 22 de agosto de 1619 la iglesia sufrió las consecuencias devastadoras de un incendio, originado en la sacristía, que debilitó la estructura del edificio y consumió con un número significativo de bienes y ornamentos, acudiendo los oficiales reales a realizar la inspección en la que constatan los graves daños sufridos en la cabecera. Cuatro meses más tarde acudirá al pueblo Juan Bautista Coluccini quien presenta una propuesta de reforma de la iglesia, decidiendo aprovechar la coyuntura para agrandar el espacio interior, que pudiera así acoger a todas las personas reducidas en el pueblo y que contribuyera a la mejora de su aspecto. En su argumentación expone que los templos de Soacha, Bosa y Usaquén eran de mayores proporciones siendo menor el número de indígenas reducidos en ellos. A su propuesta acompaña una traza que comenta de la siguiente manera:
“Supuestas todas estas verdades digo que cómodamente y sin mucho gasto se puede engrandeçer la dicha yglesia conforme a la traza siguiente que es empeçar el arco toral adonde acaba la capilla quadrada y añadirle un tanto y medio que será capilla capaz y hermosa porque el quadrado de la dicha capilla sirve para los yndios principales y españoles y el medio della queda çerrado de las gradas y varandillas para lo eclesiástico como pertes (sic) en la traza firmada de mi nombre”.
En paralelo, el mismo día que Coluccini presenta su propuesta de reforma para el templo de Fontibón, José Dadey emite un memorial con el inventario de los bienes perdidos en el incendio, en el que destaca un plato de China para las vinajeras. En 1620 el padre vuelve a insistir sobre la necesidad de acometer las obras y alargar la cabecera volviendo a insistir en la idea de la falta de espacio y viéndose obligado a dividir a la gente y duplicar los oficios para que pudieran acudir cómodamente a ellos. Ese año los oficiales Alonso Rodríguez y Benito de Ortega presentan posturas para hacerse cargo de las obras pero éstas recaerán en Francisco Delgado quien no culmina a causa de su fallecimiento.
Tras numerosos retrasos el corregidor del partido, Francisco Velázquez, presentó una petición, fechada en 1628, en la cual solicita se admitiese el traspaso de las obras que pretendía efectuar directamente con Sebastián Murillo, rector del Colegio de la Compañía de Jesús en Santafé, y con el padre Joseph Hurtado, cura doctrinero del pueblo de Fontibón, “…porque como persona ynteresada y que tanto desea verla acavada la soliçitará y ayudará con más fervor y cuidado, y el dicho padre rector con el mismo deseo ha venido bien en ello porque le consta será serviçio de los señores de Su Magestad y en pro y utilidad deste dicho pueblo que está a su cargo,...”.
Así pues, los jesuitas se comprometieron por escrito a proseguir las obras siguiendo la traza y condiciones establecidas años atrás. El 31 de octubre de 1630 se realiza una nueva inspección de las obras de la que se constata que seguía en construcción aunque las obras de la capilla mayor ya estaban concluidas. Será de nuevo Juan Bautista Coluccini quien acuda al pueblo acompañado del alarife Cristóbal Serrano, el documento resultante detalla las obras que quedaban por ejecutarse como por ejemplo la construcción de una espadaña o cuerpo de campanas y, lo que es más interesante, la reforma del coro que no era sólido ni capaz para dar cabida a los órganos ni al grupo de cantores que debían instalarse allí durante los oficios, denotando de nuevo la importancia que los jesuitas otorgaban a la música.
TÉCNICAS CONSTRUCTIVAS Y MATERIALES
Nivel de protección
Estado de conservación
Observaciones
4.- FUENTES DE INFORMACIÓN
4.1. BIBLIOGRAFÍA
- Romero-Sánchez, G., & Kubiak, E. (2025). «Tan lucidos, tan costosos». Música, fiesta y ceremonial en Fontibón (Nuevo Reino de Granada). Memoria Y Civilización, 28(2), 149-179. https://doi.org/10.15581/001.28.2.007
- ROMERO-SÁNCHEZ, Guadalupe. Los pueblos de indios en Nueva Granada. Granada: Editorial Atrio y Universidad Nacional de Colombia, 2010a.
- ROMERO‐SÁNCHEZ, Guadalupe. Iglesias doctrineras y trazas urbanas en Nueva Granada. Granada: Editorial de la Universidad, 2012, pp. 705-747.
- Gonsález SJ, F. E. (2021). Los jesuitas en la historia colombiana: la Compañía de Jesús en los tiempos coloniales. Edición digital: http://www.historiadecucuta.com/wp-content/uploads/2021/01/Los-Jesuitas-en-la-historia-colombiana-fernan-Gozalez.pdf
- González Mora, F. (2003). Arquitectura y urbanismo en las reducciones y haciendas jesuitas en los Llanos de Casanare, Meta y Orinoco, siglos XVII-XVIII. Apuntes, 23, 97-121.
4.2.- DOCUMENTACIÓN
- A.G.N. de Colombia. Sección Colonia. Fondo Fábrica de Iglesias. Tomo 20. Rollo 20. Folios 372r-372v.
- A.G.N. de Colombia. Sección Colonia. Fondo Fábrica de Iglesias. Tomo 19. Rollo 19. Folios 527r-528v.
4.3.- OTRAS FUENTES (crónicas, anales, etc)
AUTOR/A DE LA FICHA
GUADALUPE ROMERO SÁNCHEZ








